Las madonnitas parece que se arrepienten y cambian de estilo

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Todo el rechazo que Madonna padeció en sus carnes entre mil novecientos noventa y dos y su estreno en la maternidad, allanó el terreno a fin de que otras tantas artistas pop pudiesen explotar su imagen hipersexualizada sin percibir ni una décima de las críticas que hubiese sido esperado. La nueva generación de princesitas del pop (madonnitas de todo tipo) que vino inmediatamente después, desde Britney Spears pasando por Christina Aguilera, no tuvieron reparo alguno en mostrarse al planeta entero como unas mujeres de armas tomar que se aprovechaban de su poderoso sex appeal para triunfar.

Y de esta forma ha continuado la historia hasta el momento. Ahora empieza la contención y lo políticamente correcto en el imperio del pop. Sin ir más allá, Miley Cyrus, tras matar a Hannah Montana y adscribirse al sexo como generador de titulares en dos mil trece en la era Bangerz, con su álbum titulado Younger Now se abraza al country para todos los públicos.

En contraste a Madonna, Miley sí que ha renegado en público ya de todo cuanto hizo hace muy poco. Es lo que yo digo, cuando se dice alegremente lo de la juventud al poder olvidamos que todos y todas nos hemos arrepentido ya maduritos de muchas cosas que hicimos cuando eramos unos jovencitos. Y eso vale para cantantes, políticos y artistas en general.

Ha llegado a decir “Todo eso se transformó en algo que se esperaba de mí: ya no deseaba ir a las sesiones de fotografías y ser la muchacha que muestra la lengua todo el rato y se saca las tetas. Al comienzo era un tanto como decir ‘que os jodan, las chicas deberían tener esta libertad, o bien lo que sea’, mas sí llegó un punto en el que me sentí sexualizada”.

Dejaba claro que había perdido más que ganado al dar un giro tan sexual a su carrera. Lo mismo ha ocurrido con otras Lady Gaga y Kesha. La primera, tras años dedicados en cuerpo y ánima a la rareza, ha retrocedido como jamás en Joanne al distanciarse de las pistas de baile y mutar en una artista considerablemente más seria que no precisa de polémicas. Agarrándose asimismo a la coartada country en lo que a estética se refiere. Tras su disco de jazz con Tony Bennett Gaga escapa de esa imagen de la que sacó partido para conquistar a los amantes del pop. Y lo mismo ha sucedido con Kesha, quien pese a no haberse valido nunca explícitamente de su sexualidad para vender discos ha aprovechado su reciente Rainbow para educar a sus seguidores en un estilo más mundano y menos alocado.

Nos cuentas más cosas de todas estas en: Por qué ya nadie quiere ser Madonna – S Moda EL PAÍS

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