El 28 revive La Oreja de Van Gogh en Madrid

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El 28 revive La Oreja de Van Gogh en Madrid

Una noche para cantar lo que fuimos y lo que aún somos, a metros del césped más famoso del país

Estamos en enero de 2026, en Madrid. El frío aprieta en el paseo de la Castellana, pero dentro del Bernabéu el pulso va por otro lado. En la puerta 54, donde empieza Plaza Mahou, hay gente que se reconoce sin conocerse: miradas cómplices, letras tarareadas en silencio, esa sensación de que esta noche no se viene a descubrir nada nuevo, sino a recordar algo importante.

Entro con esa mezcla de curiosidad y escepticismo que siempre me acompaña cuando se trata de bandas tributo. He visto muchas. Algunas correctas, otras directamente olvidables. Pero también he aprendido que, de vez en cuando, aparece un proyecto que no juega a disfrazarse, sino a revivir. Y eso es otra cosa. Eso es lo que, todo indica, viene a hacer El 28 esta noche en Plaza Mahou: no imitar, sino devolver a escena una parte muy concreta de nuestra memoria colectiva.

Antes de que suene la primera nota

Plaza Mahou no es un sitio cualquiera. Está incrustado en el Estadio Santiago Bernabéu, lo que ya de por sí genera una extraña electricidad. Aquí uno entra con la sensación de estar cruzando una frontera: fuera, el ruido de la ciudad; dentro, un refugio donde la música se escucha de cerca, sin intermediarios, sin pantallas gigantes que te roben la experiencia. Un lugar pensado para conciertos donde la distancia entre escenario y público es casi simbólica.

El ambiente es variado. No es un público homogéneo ni por edad ni por estética. Hay parejas que rondan los cuarenta y tantos, grupos de amigos que claramente se conocen desde la universidad, alguna pandilla más joven que ha heredado estas canciones como se heredan los vinilos o los libros subrayados. Eso ya dice mucho del repertorio que está a punto de sonar.

Porque lo que se homenajea aquí no es solo a una banda, sino a una época. A varias, en realidad.

Por qué importa que esto ocurra ahora

Hay grupos que no necesitan presentación. La Oreja de Van Gogh es uno de ellos. Sus canciones forman parte de una educación sentimental compartida, de esas que se cuelan en la vida sin pedir permiso: en la radio del coche, en un bar cualquiera, en un verano que parecía eterno o en un enero —como este— que se hace cuesta arriba.

Foto del grupo 28

Que en 2026 una banda tributo convoque a tanta gente para cantar Rosas o 20 de enero no es nostalgia vacía. Es otra cosa. Es la prueba de que esas canciones siguen funcionando porque hablan de emociones básicas, reconocibles, sin cinismo. Y porque, además, hay una generación que empieza a mirar atrás con menos ironía y más necesidad de verdad.

Ahí es donde entra El 28.

El origen de El 28: algo más que un número

El proyecto nace en el verano de 2021, cuando el mundo empezaba a recuperar el pulso después de meses raros, inciertos, casi suspendidos. El 28 surge con una idea clara: rendir homenaje a La Oreja de Van Gogh desde el respeto y el rigor musical, sin caricaturas ni atajos fáciles.

No son amateurs jugando a parecerse a sus ídolos. Son músicos con trayectoria, con oficio, con más de cien fechas a sus espaldas recorriendo la geografía española. Eso se nota incluso antes de escucharles: en cómo preparan el escenario, en cómo se mueven, en la seguridad tranquila de quien sabe lo que tiene entre manos.

El nombre del grupo, lejos de ser anecdótico, funciona como una clave para iniciados. Un guiño que ya te coloca en un lugar emocional concreto.

El repertorio: una hora y media sin escapatoria emocional

Veinticuatro canciones. Todas en directo. Una hora y media sin descanso. Sin bloques artificiales ni pausas para beber agua mientras suena una base grabada. Esto, hoy, es casi una declaración de intenciones.

El repertorio no busca rarezas ni caras B. Aquí están las canciones que todos esperamos, las que nos sabemos aunque juremos que no. La Playa, Cuídate, Puedes contar conmigo. Temas que funcionan como fotografías sonoras: basta que empiecen los primeros acordes para que algo se active por dentro.

El viaje está bien construido. Hay subidas, hay momentos para cantar a pleno pulmón y otros para bajar la voz casi hasta el susurro. La clave está en el ritmo narrativo del concierto, que no se siente como una lista de éxitos encadenados, sino como un relato con sentido.

La voz y la banda: cuando el respeto se nota

Maribel Olmedo, a la voz, no intenta ser quien no es. Y ahí acierta. Su interpretación no copia gestos ni impostaciones, sino que se centra en transmitir la emoción de las canciones. Eso, para un proyecto así, es fundamental. El público no busca una réplica exacta; busca verdad.

Miguel Bustamante, al teclado y coros, sostiene buena parte de la atmósfera sonora. José Cuesta, a las guitarras, entiende perfectamente cuándo brillar y cuándo dejar espacio. Armando Bohorquez al bajo y Carlos Moreno a la batería —con coros incluidos— construyen una base sólida, precisa, que permite que todo fluya sin sobresaltos.

No hay exhibicionismo. Hay oficio. Y eso, en un concierto de este tipo, se agradece más que cualquier solo innecesario.

Plaza Mahou como escenario: el valor de la cercanía

El concierto en Plaza Mahou tiene algo especial. No solo por su ubicación privilegiada, sino porque el formato invita a vivir la música de cerca, casi cara a cara. Aquí no hay distancia emocional. Ves las manos sobre los instrumentos, escuchas las respiraciones entre frase y frase, notas cuándo el público se convierte en coro espontáneo.

Ese entorno potencia el tipo de espectáculo que propone El 28: dinámico, cercano, honesto. Un concierto pensado para compartir, no para consumir de manera pasiva.

Retro, presente y una mirada hacia delante

Hay algo profundamente retro en volver a cantar canciones que sonaron cuando aún no existían las redes sociales como hoy las conocemos. Pero también hay algo muy presente en reunirse, ahora, para hacerlo en directo, sin filtros, sin pantallas de por medio.

Y quizá lo más interesante es la señal que lanza hacia el futuro: la música en vivo, cuando se hace con cuidado y respeto, sigue siendo un espacio de encuentro real. Un lugar donde la emoción no se mide en likes, sino en miradas, en voces que se quiebran un poco al cantar juntos.

El 28 no está reinventando nada. Y precisamente por eso funciona.

Una noche que no va solo de música

Mientras suenan las últimas canciones, miro alrededor. Veo sonrisas, alguna lágrima discreta, abrazos que llegan sin avisar. No es un concierto para posturear. Es una cita con algo íntimo. Con una parte de nosotros que quizá habíamos dejado aparcada entre prisas y obligaciones.

Entiendo entonces por qué este tipo de eventos siguen llenando salas. Porque no todo el mundo quiere descubrir lo nuevo todo el tiempo. A veces lo que necesitamos es volver a casa, aunque sea por un rato.

Para quien quiera comprobarlo antes, el grupo deja pistas claras de lo que ofrece en estos vídeos de su directo, donde se percibe el pulso real del proyecto y su conexión con el público:
https://youtu.be/YaYq-mgsH9M y https://www.youtube.com/watch?v=panNAkArzoM&pp=ygUScHJvbW8gZWwyOCB0cmlidXRv

Datos prácticos que importan (sin romper la magia)

El concierto tiene lugar el viernes 30 de enero, a las 21:00 h, en Plaza Mahou, Puerta 54 del Estadio Santiago Bernabéu, en pleno corazón de Madrid. Una fecha fácil de recordar. Una hora perfecta para cerrar la semana de otra manera.

Preguntas que flotan en el aire

—¿Es solo para fans de La Oreja de Van Gogh?
No. Es para cualquiera que haya tenido una canción suya como banda sonora, aunque no lo admita en voz alta.

—¿Es un concierto nostálgico?
Sí, pero no en el sentido triste. Es una nostalgia activa, compartida, que suma.

—¿Suena fiel al original?
Muy fiel, sin caer en la imitación vacía.

—¿Hay espacio para sorprenderse?
Más del que parece, sobre todo en los matices.

—¿Merece la pena aunque hayas visto otros tributos?
Este juega en otra liga por cuidado y respeto.

—¿Es un buen plan para ir acompañado?
Definitivamente. Se canta mejor cuando no estás solo.

—¿Saldré con alguna canción en la cabeza?
Con varias. Y con alguna pregunta también.

Dos preguntas que quedan abiertas

¿Qué dice de nosotros que sigamos necesitando estas canciones para explicarnos ciertas cosas?
¿Y qué otras músicas del presente resistirán así el paso del tiempo?

Casi al final, cuando las luces empiezan a cambiar y el público tarda en marcharse, anoto mentalmente una certeza sencilla: hay homenajes que no miran al pasado para quedarse allí, sino para tomar impulso.

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JOHNNY ZURI

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