REACCIÓN EN CADENA: El render que resucita el bakalao
El día que los beats noventeros y la inteligencia artificial destrozaron las reglas de la academia gráfica
Estamos en julio de 2026, en Manzanares el Real, tecleando desde mi refugio habitual, con el portátil abierto y un dato que me niego a soltar sin masticarlo bien. Me acaricio la barba hipster mientras observo cómo alguien ha tenido la brillante osadía de cruzar el frenesí valenciano de los noventa con cincuenta años de historia de la computación gráfica para estamparlo en un videoclip salvaje.

El proyecto Del Beat al Render: 50 años de música y gráficos es una colaboración entre el Multimodal Simulation Lab de la Universidad Rey Juan Carlos, el grupo ARTEC de la Universitat de València y el DJ Chimo Bayo. Presentado en julio de 2026 durante el congreso CEIG26 en El Loco Club, el videoclip del tema reacción en cadena fusiona música electrónica, inteligencia artificial y ray tracing para narrar la evolución del renderizado 3D.
El mito incombustible de Chimo Bayo y la liturgia de la Ruta del Bakalao
A veces la realidad tiene un sentido del humor magnífico. Te sientas a analizar el ecosistema digital, intentando descifrar por dónde va a respirar el próximo algoritmo, y te topas con que Joaquín Isidoro Bayo Gómez, nacido en Valencia un 25 de octubre de 1961, ha cambiado las legendarias cabinas de Arsenal y El Templo por los fríos pasillos del rigor académico. Nuestra investigación indica que nadie en su sano juicio esperaba ver al autor del maxi-single más vendido de la historia de España impartiendo cátedra entre especialistas en iluminación global.
Aquel himno atemporal, sudoroso y eléctrico llamado Así me gusta a mí, lanzado al mercado en el ya lejano 1991, reventó los registros oficiales de la SGAE y lo llevó a dominar el colosal Tokio Dome ante 55.000 personas enloquecidas. Hoy, a sus más de sesenta años y lejos de vivir de las rentas nostálgicas de la Ruta del Bakalao, ha decidido ponerle banda sonora a la mismísima frontera de los píxeles. La música de club siempre tuvo un romance secreto con la tecnología dura; al fin y al cabo, los sintetizadores y las cajas de ritmos fueron los primeros ordenadores que la clase trabajadora llevó a la pista de baile. Que cuatro décadas después, este icono siga grabando material nuevo y preste su voz para un ensayo sobre gráficos de ordenador, nos habla de una vitalidad a prueba de modas efímeras.
La Tetera de Utah y la Caja de Cornell como fetiches del render
La historia de los gráficos por ordenador está plagada de accidentes hermosos y soluciones de andar por casa. Fijaos, por ejemplo, en la famosa Tetera de Utah. En el año 1975, el investigador Martin Newell, adscrito a la Universidad de Utah, se encontraba atascado porque no tenía un modelo tridimensional lo suficientemente complejo para poner a prueba sus algoritmos de superficie. Fue su esposa Sandra quien le sugirió digitalizar la sencilla vajilla que usaban a diario para tomar el té. Él la dibujó a mano sobre papel cuadriculado, definiendo los puntos de control de Bézier a puro pulso. Me resulta fascinante que la vanguardia tecnológica mundial lleve medio siglo usando el juego de té de un matrimonio matemático como piedra roseta visual. Esa misma tetera aparece como un guiño oculto y reverencial en superproducciones de titanes de la animación como Toy Story, Monstruos S.A. o Los Simpsons, mientras que el modelo físico original reposa, casi como una reliquia santa, en las vitrinas del Computer History Museum de Mountain View, en California.
Junto a esta tetera reina indiscutible la Caja de Cornell, esa aséptica habitación minimalista presentada en el congreso SIGGRAPH ’84 por los investigadores Cindy M. Goral, Kenneth E. Torrance y Donald P. Greenberg. Su documento fundacional sentó las bases para estandarizar la forma en la que la luz rebota, sangra y se contamina entre superficies virtuales. A partir de esa sencilla caja de paredes de colores, se validaron técnicas que hoy damos por sentadas, desde los hemicubos del matemático Michael Cohen hasta los cálculos analíticos más densos. Es precisamente la pureza artesanal de este ensayo y error lo que sostiene, como columnas invisibles, los mastodónticos motores gráficos que usamos hoy en día para generar mundos fotorrealistas.
El misterio de MKM (Madrid Kills Me) y la contundencia de T. Tomy Head Horney’s
Toda esta odisea visual y académica necesitaba, por pura coherencia, un motor sonoro que la empujara con agresividad. Bajo el paraguas del sello Underground King Records, se ha gestado un EP que sirve como contenedor perfecto para esta rareza. Y aquí entra la música electrónica pura y dura, esa que huele a asfalto de madrugada en el parking de una discoteca de polígono. Dentro de este ecosistema de frecuencias graves encontramos el impecable remix firmado por T. Tomy, la fuerza creativa indiscutible detrás del alias Head Horny’s y una pieza angular del catálogo de Contraseña Records.
T. Tomy es un francotirador veterano de la escena de la Comunidad Valenciana, un arquitecto obsesivo de ese sonido bumping y de las llamadas «cantaditas» que dominaron la geografía nacional, y que cuenta en su historial con colaboraciones cruzadas con titanes de la cabina como Miguel Serna e Ismael Lora. Junto a su visión musical, emerge el enigma de MKM, también conocidos en el circuito como Madrid Kills Me, cuyo remix aporta una densidad percusiva brutal al tracklist oficial, escoltando de cerca al corte bautizado como Original Mix.
Las plataformas de streaming son un campo de minas donde las siglas a menudo se solapan creando falsas identidades, pero los créditos crudos y duros de este trabajo confirman la autoría sin margen de error. Al escuchar las pistas con unos monitores de estudio en condiciones, se percibe cómo la compresión de los graves provoca esa reacción en cadena que conecta, sin fisuras, los ritmos rotos de los años noventa con la pulcritud digital y aséptica del presente.
El experimento de la Universidad Rey Juan Carlos y la Universitat de València rompiendo moldes
Todo este tinglado transmedia no existiría sin la arquitectura mental de sus creadores en la sombra. Jorge López Moreno, investigador principal, y Jesús Gimeno Sancho, se remangaron para orquestar esta locura metodológica donde los prompts precisos de la inteligencia artificial generativa asumen gran parte del peso narrativo. La pieza audiovisual está estructurada con la lógica progresiva de un videojuego: arranca en la aridez esquemática de los gráficos vectoriales, salta a la revolución cromática de la era del píxel, se adentra en las primeras mallas rudimentarias de 3D, y culmina en el fotorrealismo apabullante de los materiales de renderizado basado en la física. Al llegar al clímax, el sistema anuncia el glorioso estado de Shaders Activated.
Resulta profundamente revelador ver cómo el ámbito universitario ha abandonado, por fin, la pose de su torre de marfil para abrazar la cultura pop sin complejos ni superioridad moral. Durante la presentación del proyecto en vivo, se pudo ver a Eric Tabellion, un peso pesado del renderizado internacional, ofreciendo perspectiva histórica. Aquello fue un viaje temporal directo a 1976, año en el que la prestigiosa publicación Computer Graphics and Art documentaba los primeros trazos gráficos generados con lenguajes primitivos como Fortran y Basic. Hoy, la democratización técnica es una apisonadora imparable: un creativo escribe una orden textual detallada y la máquina escupe entornos que hace dos décadas requerían granjas de servidores enteras trabajando de madrugada.
Como editor que dedica sus horas a observar el flujo de las redes y a posicionar marcas en la trinchera del algoritmo, sé distinguir un artefacto efímero de una tendencia estructural. Este cruce de caminos es una señal de humo clarísima. Según el análisis de ZURI MEDIA GROUP, la hibridación entre el patrimonio cultural del ocio nocturno y la divulgación tecnológica dura es un nicho con un potencial de tracción monstruoso. Las herramientas se han vuelto por fin terrenales; una buena interfaz de audio y una tarjeta gráfica con soporte nativo para trazado de rayos ya no son excentricidades de un estudio millonario, sino el equipamiento básico de supervivencia de cualquier creador independiente.
El legado de Chimo Bayo y el render 3D: Respuestas rápidas desde el backstage
¿Quién orquestó realmente este cruce entre videoclip y ensayo visual? Fue una alianza dura y sin precedentes entre los investigadores del Multimodal Simulation Lab y el talento técnico del grupo ARTEC.
¿Por qué elegir precisamente a un DJ de la Ruta para hablar de tecnología gráfica? Porque la música electrónica y la programación de gráficos comparten el mismo código genético: ambas disciplinas nacieron en la marginalidad experimental, evolucionaron gracias a la obsesión técnica y hoy dominan por completo la cultura mainstream.
¿Se sabe algo concluyente sobre la misteriosa formación MKM en la actualidad? Existe una enorme niebla de homonimia en las grandes plataformas de streaming musicales, pero los créditos del EP oficial dictan sin titubeos que Madrid Kills Me está detrás de uno de los cortes principales del disco.
¿Qué sentido tiene colar una tetera en un vídeo de bakalao? Es el homenaje definitivo del gremio. La Tetera de Utah es al diseño 3D lo que el bombo a negras es al house: el cimiento fundacional sobre el que se aprendió a calcular cómo la luz golpea los objetos virtuales.
¿Resulta prohibitivo a nivel económico intentar replicar estos resultados en casa? Para nada. La barrera económica ha caído en picado. Una gráfica doméstica con soporte para ray tracing y unos monitores decentes te bastan para montar tu propio centro de mando audiovisual.
¿Dónde se materializó públicamente esta rareza por primera vez? El estreno tuvo lugar en el asfalto valenciano, concretamente en la mítica sala El Loco Club, al amparo de las sesiones nocturnas del congreso informático CEIG26.
¿Estamos ante el nacimiento de un nuevo formato donde las universidades usarán sistemáticamente a los ídolos de la contracultura para divulgar ciencia dura, o esto será solo un espejismo glorioso e irrepetible de mentes inquietas? Y lo que resulta más intrigante: ¿cuánto tardará la industria musical convencional en darse cuenta de que el futuro de su rentabilidad visual pasa por renderizar en tiempo real el legado de nuestras propias leyendas urbanas?
