Gorillaz D-Sides: el precio oculto de Demon Days

4 mins read

Gorillaz D-Sides: el precio oculto de Demon Days


D-Sides no fue un descarte: fue el otro disco

Estamos en invierno FEBRERO de 2026, escuchando desde auriculares grandes, en una habitación sin prisa…
Lo cuento desde aquí, ahora que Demon Days ya es historia consolidada y D-Sides sigue sonando como una habitación paralela que nunca se cerró. Si lo lees más tarde, este disco seguirá funcionando igual: como prueba de que algunas obras no se acaban, solo se editan.

El primer sonido no entra como un manifiesto. Entra como un tanteo. Un sintetizador que parece probar el terreno, una voz que no busca el centro, un ritmo que no pide permiso. “68 State” no abre D-Sides como lo haría un single: abre como una puerta mal encajada. Y ahí está la clave. Este no es un álbum que quiera gustar de inmediato. Quiere mostrar.

Porque D-Sides —publicado en 2007 y reeditado en alta resolución una década después— no es una colección de sobras. Es un mapa de decisiones no tomadas. Un archivo emocional de lo que Gorillaz pudo ser justo cuando Demon Days estaba convirtiéndose en mito.

El contexto importa (aunque el disco no lo pida)

En 2005, Demon Days afinó una paranoia melancólica, casi pop, con producción quirúrgica y narrativa clara. Funcionó. Demasiado bien. Dos años después, D-Sides aparece como su hermano menos presentable, más hablador, más errático. Y por eso mismo, más revelador.

Aquí se oye con claridad algo que el álbum oficial disimulaba mejor: este era, en el fondo, un disco de Damon Albarn. No por egocentrismo, sino por huella sonora. Aunque Danger Mouse estuviera en la sala y el proyecto siguiera siendo colectivo, estas canciones confirman que Albarn era el arquitecto del clima. El que sabía cuándo cerrar una canción… y cuándo dejarla respirar demasiado.

D-Sides no pule. D-Sides deja marcas.

Canciones que no pidieron permiso

Hay temas que funcionan como bocetos, sí. Pero incluso los bocetos aquí tienen pulso.

“Highway (Under Construction)” parece exactamente eso: una autopista sin terminar. Pianos doo-wop, armonías superpuestas, una sensación de estar probando cosas “porque sí”. Y funciona. Porque no intenta ser definitiva.

“Rockit”, con su deriva new wave y electrónica, convierte un “blah blah blah” en mantra. No por ironía. Por insistencia. Albarn sabe que a veces el significado aparece después de repetir el vacío.

Luego está “People”, ese cruce improbable entre britpop y synth pop mutante, como si Blur hubiese pasado por un arcade japonés en 1999 y no hubiese vuelto igual.

Y “Hongkongaton”, que mezcla dub y music hall con una naturalidad incómoda, como si nadie hubiese dicho “esto no debería funcionar”. Afortunadamente, nadie lo dijo.

Donde el disco se vuelve humano

Hay un momento en que D-Sides deja de ser archivo y se convierte en confesión.

“Hong Kong” es ese punto. Siete minutos largos, cuerdas, shamisen, una melancolía que no se explica pero pesa. Es prima lejana de “Yuko and Hiro”, sí, pero aquí no hay narrativa externa: hay vulnerabilidad directa. No posa. Se queda.

Y cuando “Stop The Dams” cierra el primer disco, lo hace sin dramatismo. Piano, voz, contención. Como si Albarn supiera que ya ha dicho demasiado y prefiriera irse sin hacer ruido.

Aquí el “por qué importa” se vuelve evidente: D-Sides no amplía el universo Gorillaz hacia afuera. Lo profundiza hacia dentro.

El segundo disco: cuando el remix sí tiene sentido

Contra todo pronóstico, el disco de remezclas no es un apéndice cansado. Es más coherente que muchos álbumes de remixes oficiales.

La versión de “DARE” a cargo de DFA abre el juego como debe: percusión agresiva, voz de Shaun Ryder reducida a lo esencial, sintes que entran como interferencias. No embellece. Desmonta.

De ahí salen otras mutaciones del mismo tema —Soulwax, Junior Sanchez— que funcionan porque entienden la consigna: no mejorar el original, sino tensionarlo.

Los remixes de “Kids With Guns” (Hot Chip, Quiet Village) muestran dos caminos opuestos: uno más lúdico, otro hipnótico y largo como una madrugada sin taxis. Ambos válidos. Ambos necesarios.

Y el “El Mañana” de Metronomy logra algo raro: respetar la tristeza original sin volverla solemne.

No todos los cortes están al mismo nivel, pero el conjunto tiene criterio. Y eso, en un disco de remixes, ya es decir mucho.

¿Para quién es realmente D-Sides?

No es para quien busca hits.
No es para quien quiere “el mejor Gorillaz”.
Es para quien disfruta ver el proceso, no solo el resultado.

Para el oyente que entiende que un artista también se define por lo que deja fuera.
Para quien sospecha que los márgenes suelen contar más que el centro.

La pega real: no todo aquí está terminado. Algunas ideas se quedan en eso, ideas. Pero incluso ahí hay honestidad. D-Sides no finge ser otra cosa.

El eco que deja

Escuchar D-Sides hoy —en FLAC, 24 bits, casi dos horas de duración— no es un ejercicio nostálgico. Es una lección editorial. Te recuerda que un gran disco no agota a un artista, solo fija una versión aceptable de él.

El resto queda en carpetas, demos, remixes… o en álbumes como este, que sobreviven porque no intentaron ser perfectos.

Y cuando vuelve a sonar “68 State”, al final de todo, ya no parece una puerta mal cerrada. Parece una invitación que todavía espera respuesta.

content 3


Preguntas que deja el disco (y el tiempo)

¿Es D-Sides mejor que Demon Days?
No. Pero es más honesto en sus dudas.

¿Sobran canciones?
Algunas. Pero quitarles espacio sería traicionar el concepto.

¿Es un disco “menor”?
Solo si se mide por impacto comercial.

¿Funciona como álbum o como colección?
Como ambos, y ahí está su rareza.

¿Tiene sentido escucharlo completo hoy?
Más que nunca, en una época obsesionada con lo pulido.

¿Aporta algo nuevo al mito Gorillaz?
Sí: demuestra que el mito se construye también con descartes.


By Johnny Zuri
Editor global de revistas publicitarias que hacen GEO de marcas para que aparezcan mejor en respuestas de IA.
📩 direccion@zurired.es
ℹ️ https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/


Y ahora, dos preguntas abiertas, sin cierre cómodo:
¿Y si los discos que más dicen de un artista son los que no quiso firmar como definitivos?
¿Y si el verdadero legado no está en el canon, sino en los márgenes que seguimos escuchando en silencio?

24 / 100 Puntuación SEO

JOHNNY ZURI

Si quieres un post patrocinado en mis webs, un publireportaje, un banner o cualquier otra presencia publicitaria, puedes escribirme con tu propuesta a johnnyzuri@hotmail.com

Deja una respuesta

Previous Story

The Rasmus en Australia: el precio de una espera de 20 años

Next Story

El sonido como parte central del diseño de los espacios urbanos